El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que se diagnostica en la infancia, aunque puede persistir en la vida adulta, y que se caracteriza por presentar síntomas de hiperactividad (actividad motora excesiva a lo esperado para la edad y desarrollo), impulsividad (actúan sin reflexión previa) y dificultades de atención.

Cuándo se diagnostica

Los primeros síntomas pueden aparecer en los primeros años de vida y resultar más evidentes en torno a los 4-5 años de edad. Clásicamente se ha definido la edad de 6-7 años para realizar un
diagnóstico diferencial, aunque esto no significa que si el niño/a presenta síntomas antes, no sea conveniente observar su conducta e informar a la familia sobre actividades que puedan mejorar el cuadro.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico implica necesariamente que los síntomas o comportamientos estén presentes con una frecuencia e intensidad que interfiera en la vida del menor.
El diagnóstico requiere una evaluación profesional que analice el estado de salud, físico y emocional que permita descartar otras causas que expliquen su comportamiento o bajo
rendimiento escolar.

La evaluación comienza por una entrevista clínica familiar y evaluación neuropsicológica al menor.

A esta información ha de añadirse la información administrada por parte de los profesores y/u orientadores del centro escolar, así como el estudio de los antecedentes médicos a través de los informes emitidos por pediatra o neuropediatra.

Es muy importante tener en cuenta posibles disfunciones que puedan estar condicionando la conducta y el aprendizaje escolar. Por último, el profesional que recoge todos estos datos, valora
si se cumplen o no criterios diagnósticos para el TDAH.

Hay gran número de trastornos que pueden presentar síntomas similares a los del TDAH, por lo que es muy importante realizar un diagnóstico correcto.

Los síntomas más frecuentes

– Falla en prestar la debida atención a los detalles cuando realiza una actividad.
– Mayor dificultad que sus iguales para mantener la atención en las actividades que se proponen.
– Tendencia a no seguir las instrucciones, saltarse pasos.
– Poca planificación y dificultad para organizarse.
– Pérdida frecuente de materiales necesarios o importantes en su día a día.
– Juguetea o mueve las manos o los pies, se levanta a menudo.
– Corretea o salta en situaciones poco adecuadas.
– Es incapaz de jugar tranquilamente o durante un tiempo prolongado en actividades recreativas.
– Habla excesivamente.
– Responde impulsivamente, sin que haya concluido la pregunta.
– Le resulta complicado esperar su turno.

Tratamiento

El TDAH es un trastorno que ha de ser abordado por la familia, el ámbito educativo y por especialistas clínicos (neuropediatría, neuropsicología, psicología clínica, terapia ocupacional).
Es importante que el tratamiento terapéutico acompañe la terapia farmacológica, si esta es necesaria. Resulta fundamental que el menor aprenda a gestionar su conducta y emociones para
así minimizar los efectos del trastorno, pudiendo alcanzar la normalidad en la edad adulta.

Genética

Se ha demostrado la existencia de un cierto componente genético en el TDAH, pero sin que se pueda establecer una relación causa-efecto directa. Pueden encontrarse casos de TDAH en la familia, sin embargo esta herencia genética ha de ser considerada junto a un estilo de vida similar.

Los factores ambientales: estilo educativo, alimentación, sueño, ejercicio físico…contribuyen al diagnóstico.
Dentro de los factores ambientales, señalar la correlación de lesiones cerebrales durante el embarazo y primeros años de vida, provocados generalmente por prematuridad, accidentes
cerebrovasculares, traumatismos craneoencefálicos y consumo de tóxicos durante la gestación.

A tener en cuenta

El TDAH puede influir en el aprendizaje, la conducta y emociones del niño, así como en su forma de relacionarse. Además, una conducta poco adaptada puede acabar con la paciencia de
compañeros de clase, profesores y familia, aumentando la frustración por parte del niño, que gestiona esta situación de la mejor forma que puede.

El tratamiento multimodal es la mejor opción para los niños/as con TDAH. Este consiste en la coordinación de profesionales especializados que atiendan a los diferentes síntomas y actúen de
manera coordinada.

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